tortuganónima: “lo más importante es ser tu propio crítico”

07 | 10 | 2020
tortuganónima: “lo más importante es ser tu propio crítico”

08 | 10 | 2020 _ por Fabián Escudero

En conversación con LeRock Magazine, dos miembros del cuarteto de math-rock nacional hablaron de su supervivencia a la cuarentena, sus impresiones sobre Imago, su más reciente placa, y los planes para el futuro… si es que el mundo no se acaba antes.

Aunque Gerard Bertin se niega a reconocer que la banda que cofundó en 2012 es “una banda consolidada”, lo cierto es que el conjunto goza de una popularidad innegable entre los melómanos locales afanados por géneros como el math y el post-rock.

No es menor: en sus ocho años de vida, el cuarteto ha recorrido buena parte del país y fuera de él (Argentina, Perú, Brasil, Japón, EEUU, España y Bélgica). También abrieron dos veces para los nipones de Toe en su paso por Santiago en 2018, lo que les valió el contacto con el guitarrista de la bandam Mino Takaaki, que masterizó su más reciente álbum, Imago, publicado el 22 de noviembre de 2019.

Pero no todo ha sido color de rosas para los santiaguinos. El lanzamiento se dio, en primer lugar, en medio de la crisis social que venía azotando a Chile desde los últimos (o no tan últimos) años. Luego, por si fuera poco, la pandemia del COVID-19 llegó con todas sus fuerzas a nuestras fronteras en marzo y coartó cualquier posibilidad de publicitar las nuevas canciones en vivo, estancado todo el proceso de difusión en vivo.

A la vez que llegaba el disco, sin embargo, también se despedía Octavio Cañulef, baterista del grupo, que ahora es reemplazado por Diego Wigodski, quen también percute los toms en Lúcuma.

Tiempo extraño para ser una banda, ¿no?

Gerard: A veces hasta uno se llega a olvidar que se está en una banda. No ensayamos desde marzo. Incluso yo desde un poco antes, porque esa vez en marzo ensayaron sólo Valdo (Felipe Valdovinos), Gab (Gabriel Molina) y Diego (Wigodski). Ha sido complicado y, más que por el hecho de no poder juntarse y ensayar, es por el disco que sacamos un poco antes de que comenzara la pandemia. No hemos tenido la oportunidad de promocionarlo en vivo. Toda su difusión ha sido completamente digital, desde redes sociales. Muchos de los planes que teníamos se cayeron. Sin embargo, por otra parte, también ha sido algo positivo. Como el Octavio (batería) se fue, esta situación nos ha dado tiempo para reformular el proyecto y para que Diego tenga tiempo para aprenderse las canciones y sacarlas. No fue del todo malo que se diera este “hiato” de presentaciones en vivo.

Diego: Han sido momentos para buscar nuevas soluciones. Hemos podido reunirnos y conversar y avanzar en conocernos un poco más como personas. También me ha servido para escuchar los temas y practicarlos. Me he empapado harto con la música de tortuga. Los seguía desde hace tiempo, me gusta mucho su música, por lo que ahora poder sacar sus temas ha sido muy entretenido.

Diego, a ti te tocó un trabajo difícil. Aprenderse los temas de tortuganónima, donde ya han pasado dos bateristas bastante virtuosos (Andrés Quezada y Octavio Cañulef) y en los que las percusiones son protagonistas.

D: totalmente. Aprecio mucho el trabajo hecho en los discos de la banda. Son muy entretenidas. Ha sido un proceso divertido, pero difícil también. Los temas los he tenido que sacar a oreja. Pese a que hay harto registro audiovisual (y muy buenos), no hay partituras o tablaturas que yo pueda leer Ha sido completamente intuitivo.

Cada banda tiene su forma de trabajar. En este caso, ¿tienes la libertad de, quizás, hacer arreglos o cambios a los temas que te acomoden más? ¿Tocarlos a tu manera?

D: Es una buena pregunta. Y, en mi opinión: por supuesto que sí. Sin embargo, cabe decir dentro de eso que, yo como baterista y músico, soy súper fiel al trabajo que ha habido hasta ahora. Me gustan mucho las baterías de la banda entonces no me sentiría cómodo entrando a cambiar esas composiciones. Creo que es como pasar a llevar el trabajo y el proceso de evolución musical que han tenido ellos. Lo ideal es ser fiel a lo hecho. Yo puedo aportar con mi estilo, con mi feelin en ciertos lugares. Siempre para adelante, mejorando.

G: Cuando nos juntamos con Diego la primera vez, hicimos un pseudo jam. Le pedimos que sacara Imago, que tiene la particularidad de tener una sección muy free en la batería y él estaba un poco asustado porque decía que había cosas que no le salían igual a como suena en el disco y le dijimos “hueón, haz la hueá que querái” (ríe).

Siempre hemos sido abierto a los cambios. El primer miembro que se fue de la banda fue Felipe, el primer bajista, con el que grabamos el álbum homónimo. Cuando se integró Valdo le dijimos “obviamente hay una línea melódica y notas que seguir, pero lo ideal es que puedas incorporar tu identidad a las piezas musicales”. Es un fenómeno recurrente. Yo ni siquiera sigo tocando los temas de la misma forma en que los tocaba, no sé, el 2013. Ha pasado, claro, que de repente hago un arreglo nuevo y digo “puta, esto no funciona” (ríe). O a veces al revés, los demás me dicen “oh, eso estuvo la raja, sigue haciéndolo. O también está el tema de los pedales. Desde que salió el primer disco he adquirido demasiados pedales y uno prueba sonidos nuevos en líneas viejas y a algunos quizás no les gusta, pero a nosotros sí. Y si estamos conformes nosotros…

D: La música siempre va evolucionando. Ya sea por las personas que la escuchan, o por las formas de tocarla o por las influencias.

A propósito de eso… tortuganónima siempre ha estado intentando innovar y, aunque tiene un estilo propio e identificable, en cada lanzamiento tratan de explorar nuevas texturas dentro lo experimental, pero ¿cómo se hace para que un estilo como el math-rock no se vuelva genérico?

G: Yo creo que lo primero es darse cuenta de que hay un patrón. Hay algo en común. Y también hay que darse cuenta de las innovaciones de ese patrón. Por ejemplo, hace un par de años atrás de reinventó el math cuando salió Chon, y eso se volvió popular. Después salieron todas sus copias como Polyphia o Plini, que es puro… bururururururu (ríe). Y es como ya, entiendo el punto. Pero también es importante reconocerlo en tu propia música, ser tu propio crítico. Hay que pararse y pensar “¿qué es lo que siempre estoy repitiendo?”. Porquesiempre hay acordes que a uno le gustan más. A mí, por ejemplo, me gustan los acordes con séptima. Sé que lo uso harto, y por eso trato de ir buscando otro tipo de acordes o inversiones de esto, para explorar otros sonidos.

¿Cómo se exploran otros sonidos?

G: Yo creo que una forma es ir escuchando otras músicas. Con los cabros yo creo que lo que menos escuchamos es math-rock. Últimamente al menos. Obvio que si me pones el primer disco de Hella voy a decir “oh, la hueá bacán”, siempre lo voy a disfrutar. Pero es bueno escuchar otras cosas e ir implementándolas. Tampoco estoy diciendo que la música de tortuganónima es completamente original ni nada, pero al menos tratamos de no hacer lo mismo siempre.

D: Yo no diría que tortuganónima es math-rock. Yo diría que tiene elementos y características de eso. Hay más estilos que se involucran en la música de la banda. El pop-rock, mucha influencia de jazz (sobre todo en el Imago) y, también, mucha influencia de lugares. Es una mutación de estilos que conllevan un camino personal y único como banda. Y como decía Gerard, es importante aceptar lo que hay y explotar lo que más nos gusta de eso que hay. Aprovecharlo y disfrutarlo.

G: Es bueno que lo diga el Diego y no que lo diga yo, que siempre he estado en la banda (ríe). Pero cuando re escucho los discos de la banda, no estoy seguro si suena tanto como el math que todos conocen. O sea, es distinto a TTNG o Tera Melos, por ejemplo. Y claro, al principio, cuando hicimos el primer disco, estábamos recién descubriendo el género y lo único que queríamos era sonar así. Y nos frustraba que no nos saliera. Pero ahora miro para atrás y veo la evolución y creo que es mucho mejor haber descubierto nuestro propio estilo. Claro que esa es una opinión que viene de bastante cerca, tal vez haya gente que nos escucha y diga “ah, tortuganónima, la misma hueá otra vez”.

¿Qué han estado escuchando en esta pandemia?

D: Me tiene pegado el último disco de Lianne La Havas. He estado escuchando mucho jazz fusión, experimental. Sobre todo, el japonés, que tiene hartos elementos funk y bailables. Y también he estado dándole harto al R&B y soul. Cosas así más chill. Me gustan esas baterías, son muy agradables.

G: He estado en la misma que el Diego, escuchando harto soul y jazz y R&B, como D’Angelo. Harto neo soul japonés también, de esa onda. Me llama la atención que se ocupen estructuras jazzísticas, pero las logran hacer animadas. También he estado escuchando mucho el último disco de Thom Yorke, que me gustó demasiado. Y también he vuelto al post-hardcore (ríe), por nostalgia. Me acordé de un disco de la adolescencia, el Define the Great Line de Underoath y fue como “oh, la hueá buena, verdad que era la raja esto”. Y si tuviera que mencionar algo de math-rock, me gustó mucho el último single de las Tricot. No es nada “nuevo”, pero es muy oreja. Lo recomiendo.

Me imagino que por lo que han estado escuchando últimamente el próximo material de tortuganónima podría ser más relajado y chill.

G: Puede ser. Somos cuatro, y los cuatro componemos. El Valdo igual es como en esa onda, pero el Gab es más caótico. El más caótico de todos. Sigue pegado con Daughters y el último single de Alexis Marshall, los Black Midi, etcétera. Pero puede salir algo muy interesante distinto.

Imago ya va a cumplir un año desde su lanzamiento. ¿Cómo lo ven en retrospectiva? ¿Los satisface?

D: Yo encuentro que Imago es un excelente disco. Lo digo viniendo de afuera. Lo comentaba con mis amigos antes de siquiera conocer a la banda o pensar en sumarme al proyecto. Es un álbum que me voló la cabeza. Es distinto y, al mismo tiempo, mantiene la esencia de la banda. Y lo que más me gustó es la propuesta artística y la propuesta sonora. El disco suena muy bien. Muy bien tocado, muy bien producido y, aparte de eso, tiene todo el tema de las máscaras y la experimentación visual. Esperaba grandes cosas de este disco (aún lo hago), pero como vino la pandemia creo que se quedó un poco en las sombras. Tal vez no sea tan así, porque igual hay gente escuchándolo y todos saben que existe, pero en un sentido de que no se ha podido tocar o girar con el disco… mostrarlo. Creo que es lo más frustrante. Es un álbum que tiene que ser tocado en vivo.

G: Creo que hablo por el Valdo y por el Gab, cuando digo que nosotros no solemos escuchar nuestros trabajos cuando han sido lanzados. Primero porque uno nunca está completamente conforme con lo que se hace. Siempre hay detalles. Pero con Imago es distinto. Quedé muy conforme y a veces lo escucho, como si no fuera de mi banda. Y es bacán saber que es algo que se puede tocar en vivo y que yo sé tocarlo en vivo… y a la vez eso frustra porque se ha podido mostrar sólo una vez, que fue en el lanzamiento. Ah, también tocamos unos temas en Circuito Nacional y otra en Perú. Pero sería eso.

¿Tuvo la recepción esperada?

G: Creo que al disco le fue bien. Aunque puede que hayamos tenido las expectativas un poco más altas por las colaboraciones que hay en los temas o por la misma masterización de Mino Takaaki, al cual siempre admiramos por su trabajo con Mouse On The Keys o LITE. Pero también entendemos que tuvimos “mala cuea” y es como si este año no contara. Sabemos que este tipo de música no es como la música urbana que es casi como una fotocopiadora de temas que salen y salen todos iguales y a cada rato. Aquí hay tiempo. Tiempo que uno dedica. Nos tomamos como dos años para ensayar y estuvimos tres años sin lanzar nada, pensando en el disco porque requiere tiempo el armar un concepto. No trabajamos con una industria sobra la plata. No es fácil reunirla para grabar algo en lo que todos queden conformes.

Hace poco les confirmaron que su invitación para el ArcTanGent (que era originalmente para este año) sigue vigente para el próximo. ¿Tienen más planes para el 2021?

G: Tuvimos miedo de que la invitación no se mantuviera, por todo este asunto de la pandemia, pero no se demoraron tanto en confirmarnos de seguíamos siendo considerados para la próxima edición. Fue bacán. Si el mundo sigue en pie, estamos planificando una gira para Europa, principalmente UK y países cercanos. Francia tal vez, Alemania. Partes que no pudimos recorrer cuando fuimos al Dunk! en 2018. Estamos trabajando con un booker, pero todo va a depender de cómo se dé el asunto de la pandemia. Igual queremos hacer una gira por Chile y mostrar Imago. Todo está muy abierto.